Cuando uno ve el camino andado por los vinos de la
Ribera del Duero en tan sólo quince años, salvando honrosas
excepciones, se debe exclamar chapeau por todos esos esfuerzos de agricultores,
elaboradores y comercializadores y por el Consejo Regulador que fue
marcando pautas para hacer que estos caldos sean considerados, hoy,
como los mejores del territorio nacional.
La denominación Ribera del Duero ocupa una amplia franja del
Alto Duero que abarca sesenta municipios de la provincia de Burgos,
diecinueve de Valladolid, seis de Soria y cuatro de Segovia. Los suelos
son, mayoritariamente, de aluvión y arcillo-ferrosos, con una
altitud que va de los setecientos a los mil metros, y el clima es continental,
extremo y no muy lluvioso. Estos factors y la ubicación del viñedo
en las laderas del río, aporta a los vinos, personalidad, equilibrio
e ideales condiciones de maduración.