La cultura vitivinícola mediterránea
estuvo, en la Edad Media, estrechamente unida a la vida monacal, ya
que sus principales difusores fueron los monjes.
La zona de Rioja no es una excepción y se enorgullece de que
Gonzalo de Berceo, el primer poeta que escribió en lengua romance,
mencionara el vino en los versos que compuso desde su retiro en el Monasterio
de Suso, en San Millán de la Cogolla.
La preocupación permanente de esta tierra por el vino es histórica.
En 1635, el alcalde de Logroño prohibía el paso de carruajes
por las calles contiguas a las bodegas "por temor de que la vibración
de estos vehículos pudiese alterar los mostos y así influir
en la maduración de nuestros preciosos caldos".